Influencias del mundo árabe en el origen del juego del ajedrez

El origen del juego de ajedrez es incierto. Hay diferentes teorías al respecto pero la mayoría de los historiadores sostienen que el precursor original fue el Chaturanga, un juego de la India cuya referencia más antigua data del siglo III a.C. El nombre sánscrito chaturanga, significa “4 miembros”, y hace referencia a los cuatro cuerpos de batalla del ejército índico: la infantería (los peones), la caballería, los elefantes (los alfiles) y los carros de combate (las torres).

El juego se expandió por Asia a través de las rutas de la seda, llegando en el siglo V a Persia, donde se popularizó y se transformó en Chatrang, con algunos cambios en sus reglas. Fue a partir de la conquista de Persia en 644 por parte del Califato árabe Rashidún, que el juego llegó a manos de los árabes, que no sólo lo adoptaron con mucho entusiasmo sino que como imperio en expansión, se ocuparon de llevarlo a Europa y occidente.

Si bien mantuvieron las reglas del chatrang, los árabes tradujeron y arabizaron los nombres persas del juego. Por evolución fonética, el juego pasó a llamarse Shatranj (شطرنج) en árabe.

Piezas del chatrang persa

También encontramos ejemplos como Alfil (الفِيل), que significa “el-elefante”, y proviene de la palabra pil del persa (el español conservó el nombre de esta pieza tal cual). Los árabes crearon la expresión jaque mate, shah mat, que proviene del persa que denomina sha al rey.

Los árabes también modificaron el diseño de las piezas que empezaron a volverse más abstractas. Algunos historiadores sostienen que esto sucede por la filosofía iconoclasta del Islam que se aleja de las representaciones figurativas.

La investigadora Deborah Freeman Fahid, autora del libro “Ajedrez y otras piezas de juego de territorios islámicos”, sostiene que si bien el factor religioso pudo influir, también hay que considerar que la escultura figurativa a pequeña escala no formaba parte del patrimonio cultural de los árabes en aquella época, como sí lo era en India. Puede, simplemente, que haya sido más fácil hacer piezas de estilo abstracto. «Las piezas de ajedrez abstractas de estilo islámico se usaron en Europa hasta los siglos XI o XII», apuntó Deborah.

Entre los años 750 y 950, el ajedrez tuvo su gran apogeo favorecido por los califas que promovían el juego y su profesionalización en sus palacios. Esta época es el comienzo de una extensa literatura sobre el ajedrez.

Los primeros teóricos fueron los de la escuela de Bagdad. Analizaron en profundidad el juego y mediante su sistema algebraico, inauguraron el registro de partidas y el método de análisis de las aperturas (tabiyat en árabe, تَعبِيّة). Los maestros se dedicaron a estudiar y componer los primeros “problemas” del juego, los Mansubat (منصوبات, cuya traducción sería «lo que está establecido», algo así como arcanos del juego). El mansuba (مَنصوبة) es una posición en la que uno de los bandos está amenazado de un jaque mate al parecer irremediable. El resultado del análisis y estudio de estos problemas fue crear secuencias de jugadas que revirtieran la situación. Los maestros de Bagdad también fueron los pioneros de las partidas a ciegas.

Los califas eran grandes aficionados del juego. Probablemente fue el califa Al Mamun, hijo de Harun al-Rashid, el califa de “Las Mil y Una Noches”, quien más promovió con entusiasmo el juego. Fue Al Mamun quien en el año 819, inició el concepto de Gran Maestro de ajedrez, dando inicio a la clasificación oficial de jugadores. Se crearon cinco categorías comenzando por la de Gran Maestro, llamado Alijat (los mejores), continuando con la categoría de los Mutaqaribat (próximos) y seguidos por los de tercera, cuarta y quinta categoría, sin nombres específicos.

Desde Bagdad, capital del califato, el ajedrez se propagó en todas las direcciones, llegando tras conquistas a la Península Ibérica de la mano del cantor persa Ziryab (789-857), procedente de Bagdad.

Allí el sustantivo shatrang evolucionaría hacia el término al-Xadraz, después axedrez y, de ahí, hasta el vocablo ‘ajedrez’ actual.

Extracto de La partida inmortal de David Shenk

Las reglas del ajedrez en su etapa de esplendor en el mundo árabe eran diferentes a las actuales. No había dama, pero los peones que llegaban a la octava casilla se convertían en firzan (sabio, antecedente de la dama). Tampoco existía captura al paso ni el enroque. Los alfiles saltaban aunque hubiera piezas delante y el peón no salía con dos pasos.

En 1283, en el “Libro de los juegos de acedrex, dados e tablas”, el rey Alfonso X de Castilla y León sostiene que el ajedrez era una magnífica herramienta para la buena convivencia de musulmanes, judíos y cristianos.

Dos siglos después, luego de que los Reyes Católicos reconquistaran España, el juego fue evolucionando hasta adquirir las reglas modernas y actuales. La principal diferencia con el arábigo era la incorporación de la dama como la pieza más potente del tablero en cuanto a sus movimientos.

Desde España el juego se expandió por el resto de Europa y América, siempre manteniendo la esencia original y las influencias mencionadas de los teóricos de Bagdad.

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