¡Madre!
que improvisaste
mi infancia!
Escucho aún
«duermete…» en agonía…
apenas un péndulo
desdibujado.
… y en la mañana,
aquella voz cristalina:
«despiertate… mi amor»,
se fue con el tiempo
a buscar la leyenda!
Oh niñez silvestre!
teñida de colinas
y almendras, descalza…
corriendo…
«ahí vienen los ingleses»!
Las manitas apretaban
un pájaro
con su nido…
que también temblaba.
Del poemario «… hacia el miedo»