¿Quién entregó
las llaves de mi ciudad
al enemigo?
Fuera de sus murallas,
quedó mi alma…
añorando el café…
olor a especie.
Quisiera visitar
de nuevo
el sepulcro,
la mezquita, el convento,
las callejuelas…
¡Unirme a mi mismo!
Pero alambres de púas
en el camino.
Barbas bajo sombreros…
negras y negros…
y rubios aske-nazis
con bayonetas…
rumian, ante mi
el pus sagrado…
enviado «CIF» desde las democracias!